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Luces y sombras en las relaciones entre Ibn al-Jatib e Ibn Jaldun a través de su correspondencia personal

Luces y sombras en las relaciones entre Ibn al-Jatib e Ibn Jaldun a través de su correspondencia personal
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  LUCES Y SOMBRAS EN LAS RELACIONES ENTRE IBN AL-JAÆ Ī B E IBN JALD Ū  N, A TRAVÉS DE SU CORRESPONDENCIA PERSONAL 1 Celia DEL  M ORAL Universidad de Granada H ISTORIA   DE   UNA   AMISTAD La amistad entre las grandes figuras de la historia suele quedar plasmada en su correspondencia personal o privada, lo que constituye no sólo una fuente importante para el conocimiento de estos personajes, sino también una mejor interpretación de los acontecimientos que protagonizaron.En la historia, la política y la literatura árabe-islámica del siglo XIV (VIII de la H.), dos personajes destacan en medio de la mediocridad general de unos siglos que se han definido como el «periodo de la decadencia»: en al-Andalus, Ibn al-JaÐ÷b, en el Norte de África, Ibn Jaldýn. El encuen-tro de estos dos colosos de su época hizo que surgiera inmediatamente entre ambos una corriente de simpatía que, con los años y los avatares  políticos que les tocó vivir, fue transformándose en una gran amistad y mutua admiración.  1. Una versión abreviada de este trabajo fue presentada en el Simposio Internacional «Lisan Al Din Ibn al-Jatib», celebrado en la Universidad de Alepo (Siria) del 2 al 4 de Diciembre de 2003. Dado que las actas de dicho Congreso no han sido publicadas, se ha revisado y ampliado el trabajo, y aquí está el resultado.  206 CELIA DEL MORAL Esta amistad, con sus luces y sus sombras, perduraría hasta la trágica muerte de Ibn al-JaÐ÷b; incluso después de ella, su amigo Ibn Jaldýn man-tendría su fidelidad, aún a costa de sus propios intereses.A través de esta correspondencia, recogida en su mayor parte por Ibn Jaldýn en el Ta‘r÷f    (última parte del Kit×b al-‘Ibar  ) 2 , y por Ibn al-JaÐ÷b, en la Ray¬anat al-Kutt×b 3 , podemos ver cómo se va desarrollando esta amistad, el grado de confianza que adquieren, cómo se reanuda tras el paréntesis de la salida de Granada de Ibn Jaldýn y cómo Ibn al-JaÐ÷b, tras haber sido la causa de la marcha de su amigo, lo hace su confidente, a través de sus cartas, de las cosas cotidianas que lo alegran o de las preocupaciones que lo intranquilizan. ***El encuentro entre estos dos grandes personajes del siglo XIV tiene lugar ― según las fuentes ―  en Fez, en Noviembre de 1359, cuando Ibn al-JaÐ÷b llega a la capital del reino meriní acompañando al sultán Mu¬ammad V, tras su destronamiento y exilio de la capital granadina. Ibn al-JaÐ÷b, a su llegada, recitó un poema en el que imploraba al sultán Abý S×lim que les concediera asilo ― según cuenta Ibn Jaldýn en su Ta’r÷j  ―    4 . Todos los asistentes quedaron conmovidos, y el sultán los colmó de atenciones, tanto al rey, al que instaló en un magnífico palacio, como a todos los personajes de su séquito.Tras la marcha de Ibn al-JaÐ÷b a Salé, ciudad donde se instaló lejos de la corte meriní y del entorno de Mu¬ammad V, las relaciones entre estos dos personajes transcurren a través de la correspondencia: las cartas que se cruzan entre ellos, son casi todas de contenido político. Ibn Jaldýn ocupaba  por entonces el cargo de secretario de la cancillería del sultán Abý S×lim. Tenía, asimismo, un lugar importante en la corte como poeta oficial, a pe-sar de su juventud (contaba entonces 27 años), y había sido encargado de ocuparse de las relaciones entre el rey nazarí y la corte, según él mismo 2. Al-Ta  ‛  r÷f bi-Ibn Jaldýn wa-ri¬lati-hi garban wa-¹arqan  , apéndice autobiógrafico del propio Ibn Jaldýn a su gran obra Kit  ā  b al-  ‛  Ibar (Ta’r  ī   j Ibn Jald  ū  n), Beirut, 1971, 7 vols. Sobre esta  parte de la obra, véase M. A. Manzano Rodríguez, Ibn Jaldýn, ‘Abd al-Ra¬m  ā  n  , en Biblioteca de al-Andalus (ECA)   3, págs. 578-597, esp. 593-594. Trad. al francés, entre otros, por A. Cheddadi, Ibn Khaldûn, Le voyage d’Occident et d’Orient  , París, 1980. 3. Ed. M. ‘A.A. ‘In ā n, 2 vols., El Cairo, 1980-81. 4. Cf. Histoire des Berbères et des dynasties musulmanes de l’Afrique septentrionale  , traduite de l’arabe par le Baron de Slane, Argel, 1852-1856, 4 t., IV, págs. 394-395.  LUCES Y SOMBRAS EN LAS RELACIONES ENTRE... 207 indica: «Yo estaba vinculado a su persona y me encargaba de sus relaciones con los dignatarios del estado» 5 .Ibn al-JaÐ÷b, que había cumplido 46 años cuando se instaló en Salé, era ya un personaje de renombre, lo mismo en al-Andalus que en el Magreb, tanto  por su pasado cargo de ministro plenipotenciario como por sus numerosos escritos. Así pues, la amistad entre ambos personajes, en este momento, era incipiente y se limitaba a las cuestiones políticas y administrativas relacio-nadas con los huéspedes granadinos. Ibn Jaldýn vería en Ibn al-JaÐ÷b a un maestro en la política y en el terreno científico, más un modelo a seguir que un verdadero amigo.Será más tarde, tras la vuelta de Ibn al-JaÐ÷b a Granada, en el segundo reinado de Mu¬ammad V y durante la estancia por dos años de Ibn Jaldýn en esta ciudad, cuando se consolide y fructifique esta amistad, con las sombras y recelos derivados del carácter de Ibn al-JaÐ÷b y de su inestable situación, por entonces, en la corte granadina.Mu¬ammad V parte de Fez con su séquito en 1361, de regreso a al-Andalus,  pero su antiguo ministro Ibn al-JaÐ÷b no le acompaña. Pone una serie de excusas entre las cuales se encuentra la de acompañar al hijo primogénito del monarca, que permanece en la corte meriní con otros miembros de la familia real, bajo la tutela y protección de Ibn Jaldýn. Muhammad V se instaló durante unos meses en Ronda, población que estaba entonces en  poder de los meriníes y gobernada por el príncipe ‘Umar ibn ‘Abd All ā h. Le fue concedido el permanecer en este lugar, gracias a la labor diplomática de Ibn Jaldýn, y esto le permitiría poder dirigir, desde allí, las maniobras  para reconquistar su reino. A propósito de esto dice Ibn Jaldýn en el ‘  Ibar  : […] Para obtener este favor, tuvo que recurrir a mi apoyo; y como una firme amistad, fundada en obligaciones mutuas, reinaba entre ‘Umar y yo, animé a este ministro a dejarle la fortaleza de Ronda […][…] Fue de allí de donde salieron para apoderarse de Málaga, y se puede decir que Ronda fue el estribo por medio del cual el sultán volvió a subir a Granada, capital del reino 6 . Finalmente, Mu¬ammad V consigue recuperar su trono y volver a Grana-da, en 1362. Es entonces cuando Ibn a al-JaÐ÷b regresa junto al hijo del rey.  5. Cf. Ibn Khaldûn, Le voyage d’Occident et d’Orient  , trad. Cheddadi, pág. 87. 6. Cf. Histoire des Berbères  , IV, pág. 396.  208 CELIA DEL MORAL Mientras estos sucesos tienen lugar en Granada, y el antiguo ministro recupera sus funciones con más poder que nunca, Ibn Jaldýn veía tamba-learse su posición en Fez. La creciente hostilidad del visir Ibn Marzýq hacia Ibn Jald ū n y otros dig-natarios de la corte ― que según el de Fez vendría provocada por los celos y la envidia convirtiéndolo en blanco de incesantes calumnias ― , precipitó la sublevación contra el sultán Abý S×lim y su muerte.El nuevo visir, ‘Umar ibn ‘Abd All×h, que se había levantado contra Abý S×lim y había tomado las riendas del poder, lo confirmó en sus funciones y le aumentó sus emolumentos. Sin embargo, Ibn Jaldýn confiesa que «la imprudencia de la juventud» lo indujo a ambicionar en demasía, pretendiendo ejercer más influencia de la debida sobre el visir, so pretexto de su antigua amistad. Viendo que éste no le daba el puesto que él pretendía, dejó de frecuentarlo y de presentarse en el palacio del sultán, por lo que comenzó a advertir bastante frialdad en la actitud del mandatario y decidió marcharse a su ciudad natal, Túnez. Sin embargo, las circunstancias políticas de aquel momento en el Magreb, hicieron temer al sultán que Ibn Jaldýn pudiese conspirar contra él ayudándose de oportunistas enemigos y, por ello, le negó la autorización para marchar a Tremecén, aunque sí que se la concedió para dirigirse a al-Andalus, a la corte de Mu¬ammad V. Allí contaba con dos valedores de primera categoría: su amigo el visir Ibn al-JaÐ÷b y el mismo sultán Mu¬ammad V, con quien había trabado una buena amistad en Fez; ambos le debían numerosos favores, así que obtuvo licencia para trasladarse a Granada, donde llegó a finales de 1362. Según él mismo narra en el Ta‘r÷f   , se dirigió a Ceuta y allí embarcó hacia Gibraltar, desde donde envió una misiva al sultán Ibn al-A¬mar y otra a su visir Ibn al- JaÐ÷b 7 . Previamente, había enviado a su mujer y a sus hijos a Constantina, con sus tíos, con el propósito de, si las cosas marchaban bien en Granada, hacerlos traer consigo a esta ciudad. Antes de llegar a la capital, ya había recibido contestación de su amigo, carta que recoge íntegra en su Ta‘r÷f 8 . Añade también que el sultán le había preparado una esplendida acogida y, para recompensar sus servicios, le había reservado uno de sus  palacios (no sabemos si en la misma Alhambra o en la ciudad), amueblado y equipado, y le había enviado sus sirvientes más próximos. Una vez en su presencia, le regaló un traje de ceremonia y, luego, fue conducido por el visir Ibn al-JaÐ÷b a su lugar de residencia. 7. Cf. Ta’r÷j  , VII, pág. 411; Le voyage d’Occident  , pág. 90. 8. Ibídem  .  LUCES Y SOMBRAS EN LAS RELACIONES ENTRE... 209 Él mismo nos dice en su autobiografía como fue su entrada en Granada: Yo entré en la ciudad en la mañana del 8 de Rab÷‘ al-awal   del año 764/26 de Diciembre de 1362. Como señal de su generosidad y de su bondad y en recompensa de mis servicios, el sultán se había esmerado en preparar mi recibimiento. Me reservó uno de sus palacios, amueblado y equipado, envió delante de mí a sus más próximos servidores. Me manifestó numerosas señales de benevolencia cuando fui introducido en su presencia y me revistió con un ropaje de honor; habiendo obtenido permiso para ausentarme, fui conducido  por el visir Ibn al-JaÐ  ī   b hasta mi lugar de residencia 9 .  Parece que desde el primer momento se establece entre el joven rey e Ibn Jaldýn una corriente de simpatía, y que Mu¬ammad V lo integra en su círculo privado más íntimo. Prosigue diciendo Ibn Jaldýn: Desde entonces, yo ocupé un lugar entre los miembros más eminentes del consejo del soberano; tuve el privilegio de ser el confidente de sus retiros, el compañero de sus salidas, de participar en su mesa, sus momentos de esparcimiento, sus juegos de espíritu […] 10 .  Nada más llegar a Granada (8 de Rab÷‘ I del año 764) tuvo ocasión de  participar en el famoso mawlid,  organizado el 12 del mismo mes (30 de Diciembre de 1362) por Mu¬ammad V en la Alhambra 11  componiendo también él una casida mawlidiyya   que García Gómez ha calificado de «con-servada y mediocre» frente a la soberbia composición de Ibn al- JaÐ÷b 12 . Sin embargo, la fecha en que tuvo lugar este afamado mawlid   no coincide con el relato del propio Ibn Jaldýn en su Ta‘r÷f   , donde cuenta que este se celebró al año siguiente, tras una embajada a la corte de Pedro I en Sevilla, a la que el monarca lo envió en representación suya: Al quinto día de mi retorno, yo asistía a la fiesta del mawlid  , a imitación de una costumbre de los soberanos del Magreb, donde se daba un festín, y 9. Ta’r÷j  , VII, págs. 411-412; Le voyage d’Occident  , págs. 89-90. 10. Ta’r÷j  , VII, pág. 412; Le voyage d’Occident  , pág. 91. 11. Traducido y estudiado detalladamente por Emilio García Gómez en su libro Foco de antigua luz sobre la Alhambra (Madrid, 1988, págs. 142-169), a través de un relato de Ibn al-JaÐ÷b en la Nuf×Åat al-   ŷ  ir×b  . Véase también, en este libro, el trabajo sobre el mismo texto de A. Fernández Puertas. 12. Ibíd. , pág. 108.
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