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Las relaciones comerciales entre el Reino de Granada y el Reino de Murcia en la Edad Moderna

En abril de 1572 Juan Andrea Doria comunicaba a la Señoría de Génova que se dirigía a Cartagena a recoger dinero. Según Braudel, que es quien aporta este dato, los genoveses preferían por estos años embarcar su dinero por Cartagena a realizarlo por
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  LAS RELACIONES COMERCIALES ENTRE EL REINO DE GRANADA Y EL REINO DE MURCIA EN LA EDAD MODERNA VICENTE MONTOJO MONTOJO FEDERICO MAESTRE DE SAN JUAN PELEGRÍN [Publicado en: La historia del Reino de Granada a debate. Viejos y nuevos temas. Perspectivas de estudio. Manuel Barrios Aguilera y Ángel Galán Sánchez (Eds.). Centro de Ediciones de la Diputación Provincial de Málaga. Málaga, 2004. P. 281-299.] En abril de 1572 Juan Andrea Doria comunicaba a la Señoría de Génova que se dirigía a Cartagena a recoger dinero 1 . Según Braudel, que es quien aporta este dato, los genoveses preferían por estos años embarcar su dinero por Cartagena a realizarlo por Barcelona, de acceso más inseguro desde Madrid a causa del bandolerismo 2 . A la seguridad del camino desde la Corte hasta Madrid podemos añadir la protección que ofrecían los montes al puerto de Cartagena, haciendo abrigada su ensenada, que además era amplia, por lo que los puertos de Alicante y Cartagena no eran tan atractivos, aunque todos ellos estuvieran amenazados por el corsarismo argelino, que fue recreciéndose desde 1574, en que los turcos recuperaron Túnez. No sabemos si Juan Andrea Doria sería consciente, en 1572, de los problemas internos que se avecinaban en Génova, su ciudad de srcen; pero lo que sí podemos saber ahora es que a estos problemas, de carácter político y social, se añadirían los financieros para los asentistas genoveses (banqueros, comerciantes) que proporcionaban dinero y suministros al gobierno español, srcinados estos últimos problemas por la suspensión de pagos que decretó el gobierno de la Monarquía hispánica en 1575 3 . 1. La coyuntura política y socioeconómica entre 1575 y 1600 en relación a los reinos de Granada y Murcia De 1575 son precisamente dos textos que tienen relación con la crisis financiera y con el tema que queremos tratar. El primero es parte de un acuerdo del Ayuntamiento o Concejo de Cartagena, de 22 de enero de 1575, declarando que [281] Esta ciudad (Cartagena) ha observado que por cuanto ha recibido por vecinos genoveses y otros extranjeros de estos reinos, los cuales se entiende que son factores de otros mercaderes que residen en Génova y en Nápoles y en otras partes fuera de estos reinos, y atento que venden francamente gran cantidad de ropa y mercancías de los extraños en gran daño y perjuicio de las rentas reales 4 . Muy relacionada con esta declaración podemos señalar otra, pero esta última de una real provisión de Felipe II, dirigida al ayuntamiento de Granada, datada el 5 de abril de 1574: 1  Queremos agradecer a don Manuel Barrios Aguilera, don Ángel Galán Sánchez, don Valeriano Sánchez Ramos, don Antonio Muñoz Buendía y don Javier Castillo Fernández la amabilidad que han tenido con nosotros en facilitar que este trabajo saliera publicado en este libro, y más teniendo en cuenta que, por circunstancias diversa, no pudimos acudir a Berja a exponerlo. 2  F. Braudel,  El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II  , 1, México, 1976, p. 648. 3  A. Pacini, “El ‘padre’ y la ‘república perfecta’: Génova y la Monarquía española en 1575”, en J. Bravo (editor),  Espacios de Poder: Cortes, Ciudades y Villas (s. XVI-XVIII) , 2, 2002, pp. 119-132. 4  V. Montojo Montojo, Cartagena en la época de Carlos V  , Murcia, 1987, pp. 127-128.  Como [los genoveses] han visto y entendido lo del encabezamiento general de estos reinos [la Corona de Castilla] y saben que esa dicha ciudad [Granada] es libre y franca de alcabalas en lo de su labranza y crianza, andan haciendo negociaciones y diligencias por ser recibidos por vecinos en la dicha ciudad, por gozar de la dicha libertad y franqueza, y so color de esto venden libre y francamente sus mercancías y las de sus compañeros, parientes y amigos 5 . El recelo hacia la instalación de los genoveses era común en Cartagena y Granada, como muestran estas declaraciones, aunque las circunstancias fueran distintas en un sitio y en otro, pero queremos hacer observan que en este año de 1575, quizá ya anteriormente, se notaba en ambas poblaciones la reciente y creciente inmigración genovesa 6 . Desde hace algunos años los autores que suscriben este artículo nos hemos dedicado al estudio de la actividad económica y de las relaciones sociales de los mercaderes de Cartagena durante los siglos XVI al XVIII en relación al Reino de Granada 7 . Hoy sí podemos decir que Cartagena constituyó un puerto principalísimo de salida y de intermediación para determinadas zonas (obispados de Almería, Baza y Guadix) y producciones del Reino de Granada (lana, aceite, azúcar), como lo fue también para el Reino de Toledo 8 . Así lo fue, por ejemplo, para la lana, tanto a lo largo de los siglos XVI y XVII, como aún durante gran parte del siglo XVIII 9 . Pero volviendo a los años 1575 y 1578 (en este último se volvió a un nuevo encabezamiento general de las alcabalas de la Corona de Castilla, una “relación y [282] carta de pago que dio Juan de Matallana de ciertas obligaciones y dineros que recibió de Cristóbal de Almazán, de lo procedido de la dicha cuenta (la del nuevo derecho de las lanas) de este año de 1578”, recoge 32 obligaciones de pago del nuevo impuesto, de las cuales algunas fueron reconocidas por mercaderes castellanos (Diego López de Castro, doña María de Prado, Miguel Mejía, Pedro de Mejía Tovar, Francisco de Maluenda, vecino de Burgos, Pedro de Segovia, Alonso Roldán, Juan de Vega, el bachiller Juan Ruiz); pero la mayoría procedió de comerciantes italianos, sobre todo genoveses 5  M. Garzón Pareja,  La industria sedera en España , Granada, 1972, p. 72. 6  V. Montojo Montojo,  El Siglo de Oro en Cartagena (1480-1640): Evolución económica y social de una ciudad portuaria del Sureste español y su comarca , Murcia, 1993, pp. 252-265. 7  V. Montojo Montojo, “El comercio con Andalucía Oriental: la actividad de los mercaderes de Cartagena”, Crónica Nova: Revista de Historia Moderna de la Universidad de Granada , 24 (1997), pp. 237-252; V. Montojo Montojo/F. Maestre de San Juan Pelegrín, “La actividad de los mercaderes de Cartagena en el Reino de Granada a finales del siglo XVII”, en V. Sánchez Ramos (editor),  El Reino de Granada en el siglo XVII  , Almería, 2000, pp. 111-120. Ver también: F. Velasco Hernández, Comercio y actividad portuaria en Cartagena (1570-1620) , Cartagena, 1989. F. Velasco Hernández, “La cabaña de Huéscar-Granada: La exportación de lana del Reino de Granada a través del puerto de Cartagena (1570-1620)”, en V. Sánchez Ramos (editor),  El Reino de Granada en el siglo XVII  , Almería, 2000, pp. 213-220. F. Velasco Hernández,  Auge y estancamiento de un enclave mercantil en la periferia: El nuevo resurgir de Cartagena entre 1540 y 1676  , Cartagena, 2001, pp. 283-284. 8  V. Montojo Montojo y J.J. Ruiz Ibáñez, “Le comunita mercantili di Genova e Saint Malo a Cartagine, porta della Castiglia”, en G. Motta,  Mercanti e viaggiatori per le vie del mondo , Milano, 2000, pp. 75-90. 9  C. Parrón Salas, “El tráfico marítimo a través de Cartagena”, en J. Mas García (director),  Historia de Cartagena , Murcia, 2002, pp. 189-212.  (Vicencio y Domingo Fornillo, Julián Ambrosio Florentín, Juan Florentín asociado a Gregorio Moreno, Pedro de Gamarri, Pelegro de Mayoli, Francisco y Bartolomé Beneroso, Pedro Casta, Esteban Imperial) y en especial de Cartagena: Sinivaldo Lavaji, Pelegro Cruz, Iusepe Blanquete, Jerónimo Calvo, Alejandro María y Bartolomé Chatino, aunque también algún milanés, como Francisco Bozo, con tres obligaciones. En otras ocasiones hemos hecho notar que algunos mercaderes genoveses adquirían y hacían lavar grandes cantidades de lana en Huéscar, en el periodo 1520-1555. Desde esta ciudad, aunque también desde otras villas cercanas como Caravaca de la Cruz, se realizaba una notable actividad que daba salida a los vellones que proporcionaban grandes y pequeños ganaderos de comarcas muy distintas y distantes, como los señoríos del duque de Alba (Huéscar, la Puebla de don Fadrique), los señoríos del marqués de los Vélez (la Cuenca del Almanzora), las encomiendas santiaguistas de Segura de la Sierra, Caravaca y Moratalla; el marquesado de Villena (Jumilla, Villena) y los corregimientos de Chinchilla, Murcia-Cartagena y Lorca, estos últimos caracterizados por sus extensos términos 10 . Huéscar era la ciudad que mayor número de comerciantes genoveses de Cartagena atrajo, algunos muy destacados, como, entre otros, los Digueris a finales del siglo XVI y los Pelerán y los Prebe durante todo el XVII, cuya radicación en la zona les condujo a participar en algunos repartimientos de casas y tierras (Tomás Digueri en Galera), a constituir patrimonios importantes (los Pelaranes y Digerís en Huéscar) y, en el caso de los herederos del genovés Juan Bautista Prebe, a adquirir la jurisdicción señorial y las alcabalas de Cúllar-Baza (Granada). En este comercio lanero, por otra parte, participó asimismo algún milanés (Francisco Bozo) y algún florentino (Luis Coboni) en la segunda mitad del XVI, pero también lo hicieron en el de otros productos 11 . La instalación de los genoveses en Huéscar, Caravaca de la Cruz, Alicante y Cartagena se dio muy pronto, ya en la Baja Edad Media 12 , pero se intensificó a lo largo del siglo XVI, en consonancia con determinados acontecimientos políticos y económicos. Señalemos entre los primeros, los de carácter político, tres de los cuales marcaron la centuria del Quinientos, con repercusión a largo plazo, es decir, para casi toda la Edad Moderna. El primero de estos acontecimientos fue la que podríamos llamar alianza de Carlos V con determinados financieros genoveses, precisamente con motivo de su elección imperial, en 1519. El recurso a estos genoveses daría lugar a una confirmación de privilegios a la “nación” genovesa, que echaría tierra a asuntos tan espinosos como el 10  V. Montojo Montojo, “Mercaderes y actividad comercial a través del puerto de Cartagena en los reinados de los Reyes Católicos y Carlos V (1474-1555)”,  Miscelánea Medieval Murciana , XVIII (1993-1994), pp. 109-140, cfr. 116-120; y V. Montojo Montojo, “Señorialización y remodelación jurisdiccional y económica en el Reino de Murcia: los señoríos de Hoya Morena y Cúllar-Baza (s. XVII)” 11  V. Montojo Montojo, “Hombres y animales: La ganadería de paso por Caravaca de la Cruz bajo Carlos V”, en J.P. Díaz López y A. Muñoz Buendía (editores),  Herbajes, trashumantes y estantes: Actas del Coloquio sobre ganadería en la Península Ibérica (Almería, 1999) , Almería, 2002, pp. 159-168. 12  E. Pérez Boyero,  Moriscos y cristianos en los señoríos del Reino de Granada (1490-1568) , Granada, 1997, p. 255.  bombardeo de Cartagena por una flota genovesa en 1516, en el principio mismo de su reinado en España. Las necesidades económicas de Carlos I de España para convertirse en emperador de Alemania le obligaron a recurrir a los préstamos de determinados genoveses, lo que redundaría en beneficio de sus compatriotas 13 . El segundo hecho de importancia que queremos destacar sería también protagonizado por Carlos V. Su alianza con la Señoría de Génova, que se inclinó tanto en 1516 como en 1527 a favor de Francia, no fue estable hasta 1528, en que Andrea Doria y la nobleza vieja genovesa abandonaron la liga antiespañola (Francia, la Santa Sede, Venecia) y se pasaron al bando imperial. Una de las derivaciones concretas y más palpables de esta alianza serían los servicios militares y financieros, tan onerosos por otra parte, de determinados representantes de la nobleza vieja genovesa, ya mediante los asientos, como los de las galeras puestas al servicio del Emperador y después al de Felipe II por Andrea Doria y Juan Andrea Doria, ya mediante la mediación política y diplomática de éste último, como en la cuestión del Finale 14 . Y otra derivación fue finalmente el crecimiento del comercio genovés en los puertos del Sureste español. En Alicante, según Figueras Pacheco, un documento (cuya localización desconocemos) hacía constar que, “refiriéndose a los derechos percibidos sobre las lanas exportadas por los mercaderes de Alicante, con arreglo a un antiguo convenio, el rey asegura haberse pagado y cobrado los dichos derechos desde el año veintinueve en muy grandes sumas 15 . De este primer grupo de asentistas genoveses (los Espínola, Fiesco), algunos arraigados desde mucho tiempo antes en Sevilla, Jerez de la Frontera, Cádiz, hay que señalar que invirtió no sólo en las finanzas del Emperador, sino en otros negocios como los del alumbre y la lana de los reinos de Granada y Murcia. Pero, además, lo hicieron en otros, quizá no tan conocidos, como el comercio triguero. En 1530, por ejemplo, Pelegro Casanova, un italiano recién instalado en Cartagena, intervino por comisión de Mafeo de Tasis, Enrique Ingarte y otros, en el envío de trigo para el abastecimiento de Siena. En este mismo año el concejo de Cartagena hacía abastecer la ciudad con trigo procedente de Huéscar, y once años más tarde, en 1541, los proveedores de armadas abastecieron a la flota que se preparaba contra Argel, que fracasó a pesar de la presencia de Carlos V en la expedición, con trigo de Huéscar y en competencia con algún genovés de allí, como Ganducio. Los apellidos de quienes se instalaron en Cartagena, generalmente de forma temporal (Otován Fiesco, Hilario Espínola, Bartolomé Usodemar), nos recuerdan inevitablemente a los asentistas de la Corte, con quienes debieron sostener corresponsalías y comisiones. El marco político en que se inscribió el periodo de crecimiento comercial de Cartagena y de otros puertos del Sureste español a partir de 1570 fue no sólo el de la rebelión de las Provincias Unidas de Holanda y Zelanda, en el Flandes español (1566-1612), sino también el de la crisis genovesa de 1575, vigilada tan de cerca desde la 13  R. Carande, Carlos V y sus banqueros , 2, Barcelona, 1983, pp. 9-20. 14  J. L. Cano Gardoqui,  La incorporación del marquesado del Finale (1602) , Valladolid, 1955, pp. 11 y 33-35. 15  F. Figueras Pacheco,  El Consulado Marítimo y Terrestre de Alicante y Pueblos del Obispado de Orihuela , Alicante, 1957, p. 33.  Corte y también desde Milán desde algunos años antes en que se venía larvando, podríamos decir que desde la muerte de Andrea Doria en 1560. La vigilancia que sobre la convulsionada Génova, ya en 1563, pudieran realizar los gobernantes del Estado de Milán, considerado éste por el duque de Sessa como “muro y aparejo” de Italia, es decir, escudo militar y religioso de los territorios italianos del rey católico 16 , no pudo evitar el desenlace de lacrisis de 1575, en que la nobleza nueva se sublevó contra la nobleza vieja (“los Viejos”), llegándose finalmente a un acuerdo de compromiso entre ambas partes: las “Leges Novae” de 1576, en vigor durante dos siglos. A esta crisis política hay que unir las crisis financieras de la Corona, tanto la de 1557, en tiempos de guerra con Francia, como la suspensión de pagos de 1575 y el acuerdo al que se llegó con los genoveses en 1577, el llamado “Medio general”. Ya en 1564 se habían elevado numerosas contribuciones fiscales, entre ellas las alcabalas, y se instituyó el derecho nuevo sobre las exportaciones de lanas, como resultado de las dificultades mencionadas, subsiguientes a la batalla de San Quintín y a la paz de Cateau Cambresis; pero en 1575 se volvió al recurso fiscal de elevar de nuevo las alcabalas (hasta exigir el 10% de las transacciones), aunque la medida se atenuó en 1577 17 . En medio de este marasmo político y fiscal algunas poblaciones presentaban incentivos diversos, como la posición en zonas estratégicas y las exenciones fiscales. Éste es el caso de Alicante, Cartagena, Málaga y Granada, por la proximidad de estas ciudades a una cierta variedad de recursos económicos de gran potencial comercial, como la sal, la lana, el alumbre, la almagra, la barrilla, el vino, el aceite y el azúcar. En este contexto de crisis política y de crecimiento demográfico en Génova, que expulsaba a elementos muy activos de su común y de la nobleza nueva, y del recrecido [285] interés o atractivo de determinadas ciudades por sus exenciones fiscales y la variedad de posibilidades de negocios, que además debieron aumentar sus atractivos las dificultades de la navegación y el comercio entre España y Holanda e Inglaterra, se comprende la fuerza de la emigración de los genoveses a Cartagena y Granada. De hecho, es en el primer cuarto del siglo XVII cuando se dio la mayor concentración de la emigración genovesa a Cartagena 18  y pensamos que también pudo suceder algo muy parecido en el Reino de Granada. Tanto genoveses, como franceses católicos (únicos aceptados en los años finales del XVI, de guerra entre España y Francia), en definitiva grupos mercantiles católicos (de aquí el protagonismo y la singularidad de los bretones en Cartagena) protagonizaron el comercio de los reinos de Murcia y Granada, dentro de una Europa dividida confesionalmente, y se decantaron, a la hora de su instalación, por ciudades que ofrecían mayores ventajas fiscales y geoestratégicas, en el caso de estas últimas tanto regionales, 16  A. Álvarez-Ossorio Alvariño,  Milán y el legado de Felipe II: Gobernadores y corte provincial en la  Lombardía de los Austrias , Madrid, 2001, pp. 32-34. 17  M. Ulloa,  La Hacienda Real de Castilla en el reinado de Felipe II  , Madrid, 1977, pp. 125-178. R. Canosa,  Banchieri genovesi e sobran spagnoli tra Cinquecento e Seicento , Roma, 1998, pp. 30-145. 18  R. Torres Sánchez, “La colonia genovesa en Cartagena durante la Edad Moderna”, en  Rapporti Genova-Mediterraneo-Atlantico nell età moderna (Tai del IV Congresso Internazionale) , Génova, 1990, pp. 553-581. R. Torres Sánchez, Ciudad y población. El desarrollo demográfico de Cartagena durante la  Edad Moderna , Cartagena, 1998, pp. 277-289.
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