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“La Historia como ciencia: a propósito del prólogo que Ortega y Gasset escribe para la edición castellana de la obra de Hegel”, en Panta Rei. Revista de Ciencia y Didáctica de la Historia, II, 2ª época, 2007, 123-136.

“La Historia como ciencia: a propósito del prólogo que Ortega y Gasset escribe para la edición castellana de la obra de Hegel”, en Panta Rei. Revista de Ciencia y Didáctica de la Historia, II, 2ª época, 2007, 123-136.
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  123  Panta Rei II. 2ª época (2007) 123-136  LA HISTORIA COMO CIENCIAA propósito del prólogo que Ortega y Gasset escribe para la edición castellana de la obra de Hegel  P  EDRO  P  ÉREZ  M  ULERO Introducción: Hegel como punto de partida Entender al pensador Hegel desde su filosofía y comprender su visión de la histo-ria no es un tema trivial. Su planteamiento nos incumbe a todos y cada uno de noso-tros porque habla de un tema universal: la muerte y lo negativo de la vida. El dolor y el sufrimiento se convierten así en dos cruces inevitables en nuestro camino. Hegel nos invita a reflexionar desde y con la razón.Intentar hablar de Hegel y de lo que él habla de la historia, requiere algo más que meras palabras, por muy precisas y esclarecedoras que sean. La filosofía idealista ale-mana a la que pertenece este autor va más allá de una simple extracción y definición puntual que es este recorrido ligero de palabras. Requiere una auto-posición mucho más seria y entregada. Por lo pronto, nos parece extraño el «ser en sí» de Hegel y del mismo modo, multitud de afirmaciones que en su fin comprenderán su filosofía. Tras la lectura de su obra una serie de cuestiones nos embargan pidiéndonos respuesta inmediata:— ¿Quién es Hegel? ¿Hegel es todo lo que tiene que ver con Hegel, o es simplemente la biografía de Hegel? Estamos ante el tema de la trascen-dencia de un personaje fuera de su tiempo.— ¿Qué nos quiere decir? ¿Cómo nos lo dice?— ¿Por qué lo hace y para qué?— ¿Cómo y desde dónde podemos entenderlo?— ¿Ha sido adecuadamente comprendido dentro y fuera de Alemania?— Cuando se ha creído entenderlo, ¿Se sentiría satisfecho Hegel de su in-térprete?  124— ¿Qué hay de novedad en Hegel para nuestra reflexión? ¿Qué aporta a nuestro pensamiento?Dar cabida a todas estas preguntas con sus correspondientes soluciones nos cos-taría un trabajo arduo y de no pequeña reflexión, pero por lo pronto, vamos a intentar un acercamiento al tema desde la bibliografía y los propios escritos de Hegel. La comprensión de la filosofía de Hegel Una vez que hemos conocido su Biografía 1  comenzamos a hablar sobre su filoso-fía que, no está fuera de sí, sino en sí y en su vida. Podemos hacer referencia al traba- jo de Wilhelm Dilthey 2 ,  Hegel y el idealismo , en el cual observamos nacer la filosofía de Hegel desde la condición teológica de la existencia. Así entenderemos que Hegel considerase el Cristianismo como portador del «Espíritu Absoluto» de su tiempo 3 . Todo su proceder filosófico descansa en una rabiosa esperanza que nace desde la insatisfacción a la hora de comprender su mundo. Desde la muerte que es el mal supremo de la naturaleza, el hombre y con él la idea de lo conocible 4 , son el primer escalón del camino a realizar para comprender lo profundo del existir.La idea despierta de su letargo en la naturaleza, y a través del dolor se va dando cuenta de su verdadera realidad. Se encuentra de este modo ante las determinaciones concretas, en cuyo contenido también están las determinaciones anteriores opuestas. Durante este circular en la contraposición, la idea se va configurando en idea abso-luta, dotando al hombre de riqueza y comprensión. Y en cada paso que se da se va viendo al propio conjunto social su necesidad y su insuficiencia 5 . De esta manera, la 1 Nace en Stuttgart en 1770 y fallece en Berlín en 1831. PINKARD, T.  Hegel. Una biografía , Madrid, Acento, 2001. Para el repertorio bibliográfico de Hegel véase STEINHAUER, K.  Hegel bi-bliography , München-New York-London-Paris, Verlag K. G. Saur, 1980. También existe una Sociedad Española de Estudios sobre Hegel: www.filosofia.org/bol/soc/bs001.htm.2 Nace en Biebrich (Renania) en 1833 y fallece en Seis (Tirol) en 1911. Es el gran continuador de Friedrich Schleiermacher en el campo del estudio y comprensión de la Hermenéutica.3 DILTHEY, W.  Hegel y el idealismo , México, FCE, 1978; BLOCH, E.,  El pensamiento de Hegel , México, FCE, 1949; ÁLVAREZ GONZÁLEZ, E.  El   saber del hombre: una introducción al pensamiento de Hegel , Madrid, Trotta, 2001; COLOMER, E.  El pensamiento alemán de Kant a Heidegger , 3 vols., Barcelona, Herder, 1986. En especial el volumen 2: «El idealismo: Fichte, Schelling y Hegel», y en concreto el capítulo 3: «Hegel: trayectoria vital y doctrinal», pp. 113-148. Esta relación entre religión y filosofía puede verse en MOOG, W.,  Hegel y la escuela hegeliana , Madrid, Revista de Occidente, 1932, en especial pp. 42-81, donde trata de la filosofía de la religión y la filosofía de la historia. Para una sín-tesis del tema véase FERRATER MORA, J. Cuatro visiones de la historia universal , Madrid, Alianza, 2006, pp. 113-138, donde se expone la «visión absoluta» de Hegel.4 Sobre la idea y su dinamismo véase D´HONDT, J.  Hegel, filósofo de la historia viviente , Buenos Aires, Amorrortu, 1971, en concreto pp. 165-171.5 BOURGEOIS, B.  El pensamiento político de Hegel , Buenos Aires, Amorrortu, 1972, pp. 13-14. Para la circularidad de la idea y la configuración de lo absoluto D´HONDT, loc. cit  ., pp. 245-249.  125plenitud de la idea desembocará en el llamado «Espíritu Absoluto». Hegel supera al conocimiento de la muerte, no desde la negación y el desprecio, sino desde su com-prensión, sabiendo que es un paso real en la trayectoria humana. Esta superación la lleva a cabo el «Espíritu Absoluto» que, va marchando en la historia a través de la política en los Estados, verdaderos regidores imperiales de cada momento de gloria presente. Porque para Hegel los fenómenos históricos son esencialmente fenómenos políticos, pues la historia se despliega en el Estado. Este incita a los individuos, por una parte a realizar actos universales para permanecer en todas las memorias (Ges-chichte) de manera digna, y conservar, a través de la narración del pasado (Historie), este universal 6 . Así de algún modo puede llegar a explicar su teodicea: el movimiento permanente del Espíritu sería la justificación de Dios en la tierra. A lo largo de la historia estos Estados han ido levantándose y decayendo: Oriente, Grecia, Roma y el Germánico-Cristiano. Estos Estados son los buscadores activos de la profundidad de la existencia humana. Por lo tanto, son estos pueblos «elegidos», los que mantie-nen viva a la historia 7 . Todos los demás pueblos, los que no actúan y viven superfi-cialmente el «ser de su espíritu», se mantienen al margen, fuera de la historia, en la prehistoria. Partiendo de esta reflexión, Bourgeois cree que no es exagerado ver en la filosofía de Hegel, el devenir y el resultado de una purificación, depuración por otra parte precoz de una pasión teatral constante 8 . En conclusión: el hombre intenta conocer lo que tiene a su alrededor. Lo intenta desde la filosofía, «el servicio divino purificador», con la simple idea, y descubre el complemento de su propia identidad. Así, al tropezarse con lo negativo, en fin, con el mal, fiel expositor de las limitaciones humanas, se da cuenta que puede aprender nue-vas soluciones para superar la intuición elemental. Este hombre que va creciendo en su caminar, va adquiriendo una mayor capacidad de raciocinio, y puede afrontar con más solvencia las dificultades. Adquiere la conciencia ética, y por ende la conciencia social 9 . Este pensamiento que parte del hombre se va configurando en su ser social, es decir, en el Estado que va conformando. La política se convierte, por tanto, en el ins-trumento que asume la definición del conocimiento humano. El hombre muere y su vida acaba, pero su pensamiento forjado en el Estado sigue viviendo con fuerza por 6  Ibíd  ., p. 11. Para esta mundialidad véase a D´HONDT, loc. cit  ., pp. 339-341.7 FESSARD, G.  Hegel, le christianisme et l´histoire , Paris, Presses Universitaires de France, 1991; D´HONDT, loc. cit  ., pp. 178-191, donde trata de la reanudación permanente de la muerte y lo vivo y lo muerto.8 BOURGEOIS, loc. cit  ., p. 21.9 Para la generación de lo social y su posterior importancia véase a MARCUSE, H.,  Razón y  Revolución. Hegel y el surgimiento de la teoría social , Madrid, Alianza, 1979, en especial pp. 220-243; IGLESIAS, M. del C., RODRÍGUEZ ARAMBERRI, J. y RODRÍGUEZ ZUÑIGA, L.  Los orígenes de la teoría sociológica , Madrid, Akal, 1980, en especial pp. 195-199.  126encima de él. El hombre, desde su propio ámbito («bei sich sein»), entra en la vida infinita, en lo universal, espacio supraindividual que engloba singularidad y particu-laridad 10 .   De esta manera el Estado queda concebido con un valor divino, único poder real de la historia, verdadero portador del espíritu. Hegel observa los escritos de historia con actitud reflexiva En este proceso de análisis de los contrarios, de la clarificación del espíritu abso-luto, es decir, en su caminar filosófico, Hegel realizó indagaciones y aportaciones en muchos campos del saber humano. En este caso, el que nosotros tratamos, es el de la Filosofía de la Historia. Para comprender la aproximación de Hegel a la historia es fundamental la idea de la razón. Quiere que el ser humano obtenga su libertad desde lo racional. Así entenderemos la historia, libro de registro de la evolución en la que el hombre busca su infinitud.El profesor Ortega Muñoz de la Universidad de Málaga escribe en 1979  El senti-do de   la Historia en Hegel 11 .  Para él: Hegel ha suscitado en la filosofía la necesidad de enfrentarse con la historia, ha desvelado una zona de la realidad que se plantea al pensador como un reto al que de alguna manera tiene que dar respuesta 12 .   En este punto es donde entra Ortega y Gasset. Valiéndose de lo ya afirmado por Hegel, amplía el campo de visión. Afirma la historia, y la diferencia de manera clara de la filosofía. Son dos cosas distintas. Ni la filosofía es historia, ni la historia es filosofía. Sin em-bargo, la cuestión es más grave de lo que parece. Como ocurría en la época de Hegel, esta distinción sigue sin estar clara para los historiadores del tiempo de Ortega. Des-de una posición reflexiva de la vida, como espectador filosófico, no comprende una historia planteada y realizada desde una visión filosófica, partiendo de unos a priori imaginados y entendidos como ciertos sin más. La cuestión clave en este entramado descriptivo es la siguiente: ¿por qué el historiador no se ha planteado cómo debe ha-cerse la historia, es decir, en qué debe basarse la realización del texto si entendemos y damos por supuesto que nos encontramos ante una ciencia viva y clara? Si la historia es ciencia, no debe basarse en la filosofía.Hegel quiere acercarse a la historia desde la razón, y sólo desde la razón. Él entiende que la razón gobierna el mundo y por consiguiente también la historia uni-versal 13 . A partir de él, crece y madura la conciencia de historicidad, ya que en él se 10 BOURGEOIS, loc. cit  ., p. 15; D´HONDT, loc. cit  ., pp. 249-251, donde amplia el tema del fin de los fines de Hegel.11 ORTEGA MUÑOZ, J.F.  El sentido de la historia en Hegel , Málaga, Universidad de Málaga, 1979. 12  Ibíd  , p. 122.13 HEGEL,  La razón en la historia , Madrid 1972, p. 45; ORTEGA MUÑOZ, loc. cit  ., p. 10.  127revela una lúcida conciencia de la condición histórica del hombre, que despertada por Agustín de Hipona, había caído en el olvido 14 .Ortega y Gasset va mucho más allá. A él no le interesa el tema estrictamente parti-cular, sino aquel que concierne a la humanidad. Así cuando Ortega lee a Hegel obser-va a una persona insatisfecha, un ser que no entiende lo que encuentra a su alrededor, un hombre que lleno de preguntas no obtiene respuestas que disipen su dudar. Y esto para Ortega es lo divino que tiene el hombre. A partir de ahí se nos abre un campo inmenso donde el alimento básico de subsistencia es la inconformidad de lo que el hombre, con su propio comprender finito, siente. De manera rabiosa, este hombre reflexivo, este Hegel radical, emprende la tarea de obtener respuestas que lo calmen. Pretende comenzar y finalizar una visión de la vida, de lo universal, a través de la reflexión, que pueda darle sentido a su existencia.Para Hegel el presente se nutre de todo lo que fue grande en el pasado. Y la narra-ción de la historia parece fundamental para conocer esos movimientos de los Estados. A este respecto critica con pasión a los historiadores de su tiempo, negando radical-mente su forma de elaborar los trabajos históricos. Dice de ellos que su pensamiento está en contra de la propia razón, soliendo estar basados en la simple fugacidad de la creencia fantástica: «Para conocer lo sustancial es necesario que nos volvamos hacia ello con la razón. Sin duda, no tenemos el derecho de aplicar reflexiones unilaterales, pues estas desfiguran la historia y srcinan falsos criterios subjetivos» 15 . Y dando un paso más para comprender mejor el tema, podemos hacer referencia a una disputa del propio Hegel con historiadores de su tiempo por esta misma cuestión. Una de ellas es la crítica hacia Müller 16  por su trabajo  Los    Dorios , y a Niebuhr 17 , que elabora un go-bierno de los sacerdotes en su  Historia romana , por haber partido de unos supuestos a priori  e incorporar a la historia sus invenciones personales.Esclarecedora es, por otra parte, su crítica a Görres 18 , autor de una obra histórica, en la que aquel imputa a este su falta de objetividad. Dice que formula afirmaciones 14 ORTEGA MUÑOZ, loc. cit  ., p. 122.15 HEGEL,  Die Vernunft in der Geschichte , Hamburgo 1955, p. 32 recogido por D´HONDT, loc. cit  ., p. 55. También completa el tema en pp. 54-59, en el apartado «El dogmatismo de los historiado-res».16 Karl Otfried MÜLLER, nace en Brieg (Silesia) en 1797 y fallece en Atenas en 1840. La obra que se cita es  Die Dorier  (1824).   Véase GOOCH, G. P.,  Historia e Historiadores en el Siglo XIX  , México, FCE, 1977 (1ª ed. 1913), pp. 42-48.17 Barthold Georg NIEBUHR, nace en Copenhagen en 1776 y fallece en 1831. La obra es  Römis-che   Geschichte . Los 2 primeros volúmenes se publican en 1812, reescritos en 1827-1828 y el tercero en 1831; GOOCH, G.P., loc. cit  ., pp. 21-31.18 Johann Joseph von GÖRRES, nace en Coblenza en 1776 y fallece en Munich en 1848. La obra citada es Ueber Grundlage , Gliederung und Zeientfolge der Weltgeschichte , Breslau 1830; GOOCH, G.P., loc . cit  ., p. 550.
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